GLP-1 y Composición Corporal
¿Cuánta proteína necesitas si usas Ozempic, Mounjaro o Saxenda?
Cuando el apetito baja, es fácil comer menos de todo — incluida la proteína que tu cuerpo más necesita en este momento. Aquí te contamos cuánta proteína pedir en tu plato y cómo repartirla en el día.
Ya te contamos que parte del peso que se pierde con estos medicamentos puede ser músculo. La buena noticia es que hay algo muy concreto que está en tus manos para inclinar esa balanza a tu favor: cuánta proteína comes y cómo la repartes en el día.
¿Por qué tu cuerpo pide más proteína justo ahora?
Estos medicamentos reducen el apetito, así que naturalmente comes menos en general — y eso incluye menos proteína, justo cuando tu cuerpo más la necesita para conservar músculo mientras baja de peso.
La clave: la recomendación estándar de proteína para un adulto (la que probablemente conoces) está pensada para alguien que no está bajando de peso rápido. Durante un tratamiento con GLP-1, esa cifra se queda corta. Tu cuerpo necesita más proteína de la habitual, no menos.
La cifra que conviene memorizar
Distintos grupos de especialistas en nutrición coinciden en un rango: entre 1.2 y 1.6 gramos de proteína por cada kilo de tu peso corporal, al día. En la práctica, eso se traduce así:
| Si pesas... |
Necesitas aprox. |
| 60 kg |
72 a 96 gramos al día |
| 70 kg |
84 a 112 gramos al día |
| 80 kg |
96 a 128 gramos al día |
Si tienes sobrepeso u obesidad, el cálculo suele hacerse sobre un peso "meta" o ajustado, no sobre tu peso actual — por eso es mejor conversarlo con tu médico o nutricionista, que puede darte una cifra exacta para tu caso.
Cómo repartirla en el día (no toda en la cena)
Con menos apetito, es tentador guardar toda la proteína del día para una sola comida. El problema es que tu cuerpo no la aprovecha igual así — la usa mejor cuando llega repartida.
Lo ideal: apunta a unos 20 a 30 gramos de proteína en cada comida principal, en 3 o 4 comidas al día. Si tu desayuno es pequeño, que al menos tenga algo de proteína — un huevo, un yogur — en vez de ser solo pan o fruta.
En otras palabras
No se trata de comer más en general — se trata de que, de lo poco que ahora comes, una buena parte sea proteína. Y como te contamos en un artículo anterior, sumarle algo de actividad física con resistencia (pesas, bandas, tu propio peso) potencia el efecto.
Fuentes de proteína accesibles, no solo pechuga de pollo
Con menos apetito, comer una pechuga de pollo entera puede sentirse imposible. Por suerte hay muchas formas de sumar proteína en porciones pequeñas y fáciles de tolerar:
Huevos, yogur griego o queso fresco, leche o leche evaporada, pescado y atún en conserva, legumbres (lentejas, frejoles, garbanzos), quinua, y si hace falta un extra práctico, un batido o polvo de proteína bien tolerado. La idea es tener siempre algo de esto a la mano, porque cuando el hambre aparece de forma breve, conviene aprovecharla con algo que sí sume proteína.
Señales de que no estás comiendo suficiente proteína
No siempre es obvio. Algunas señales a las que vale la pena prestar atención: sentirte más débil de lo normal en actividades cotidianas, cansancio que no mejora con descanso, o notar que te cuesta más cargar o subir escaleras que antes de empezar el tratamiento.
La forma más objetiva de saberlo con certeza no es "a ojo", sino con una medición de composición corporal, que muestra cuánto de lo que has perdido es músculo y cuánto es grasa — y permite ajustar a tiempo si la proporción no está siendo la ideal.
¿Quieres saber si estás perdiendo grasa o músculo?
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Este artículo se basa en recomendaciones de nutrición clínica sobre ingesta de proteína durante pérdida de peso y tratamientos con GLP-1, incluyendo revisiones de Phillips y Morton sobre proteína y ejercicio, posicionamientos de la Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva (ISSN) y guías clínicas publicadas entre 2025 y 2026 sobre nutrición durante terapias GLP-1 y GIP/GLP-1.
Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza una consulta médica o nutricional personalizada. Si tienes antecedentes de salud particulares (por ejemplo, enfermedad renal), consulta con tu médico o nutricionista antes de ajustar tu ingesta de proteína.